El post anterior me lleva a dejar claro algo que es esencial en la
mujer que yo pueda amar.
Necesito que sea ella una mirada abierta, al mundo y a la vida:
Que todas sus creencias, hasta aquellas que le sean más importantes,
esenciales, sagradas, fundamentales, sean creencias que este
dispuesta a abandonarlas si descubre otras mejores y que
instintivamente este su mirada y su mente abiertas a encontrar esas
nuevas y más adecuadas creencias.
Que no sepa, que le sea imposible, emitir juicio alguno sin antes
escuchar todas las partes implicadas.
Que prefiera el reino de la duda antes que el de la fe: Que no le
aterre vivir entre las dudas, que sepa en cambio alimentarse en
ellas. Que no necesite la fe para caminar por la vida, que hasta el
último poro de su piel sepa que la fe nunca deja de ser una jaula, a
veces con barrotes de oro, es cierto, pero jaula al fin y al cabo y a
veces pura y simple trampa, mera emboscada que te tiende la vida.
Que en toda moneda sepa y quiera ver las dos cara y en toda joya
las mil facetas.
Que prefiera descubrir que esta equivocada antes que seguir
equivocada. Que tema al error, no descubrir el error.
Que sepa mirar de frente la oscuridad y que a la vez la respete
como una parte más de la vida. Que comprenda que toda sombra nace de
la luz y no de la oscuridad, que comprenda, sienta, que la única
oscuridad real es lo invisible, lo que no vemos, lo que se nos escapa
y que no hay mayor oscuridad que el no querer ver. Que por ello se
sienta atraída por la oscuridad, ansié penetrar en ella, pues allá
donde ella va lleva consigo su propia luz y esa luz ilumina la
oscuridad y hace visible lo invisible.
Que no revista su alma de creencias ajenas, solo por que mil voces
le hayan dicho que eso es lo que debe hacer y la puerta de entrada
para ser aceptada como una más.
Que le guste conocerse, incluso conocer sus defectos, que no los
tema, que los cace y luego mire si la incomodan o no, si se
interponen en su camino o no, si le gustan o disgustan. Y, entonces,
pero solo entonces, decida que hacer con ellos, si conservarlos o
cambiarlos y decida, sí, cambiar todos los que la aten, la
encadenen, la debiliten, le resten opciones, posibilidades, de
alcanzar las metas que ella misma se marque. Pero solo por eso, por
que sus metas no son siempre fáciles de alcanzar y su rutas, sus
caminos, sus sendas no se recorren con pies lastrados, encadenados,
atados. Y, son, esas, sus metas, su vida, pues no es su vida un lapso
en el tiempo si no aquello que ella hace, siente y vive durante ese
tiempo. Su vida no se puede medir en días, ni en horas, ni en años;
su vida son sus metas, los caminos que recorre para llegar a ellas,
el modo en que los recorre y lo que se va encontrando, descubriendo,
aprendiendo mientras los recorre.
Pero sus otros defectos, esos que no son lastre, ni trampa, ni
cadena, esos otros que en realidad no son defectos, que los ame si no
la disgustan.
Que sepa ver como el mar cobija en sus seno a las montañas y a la
vez baila en sus cumbres, y sepa, realmente, entender lo que acabo de
decir pero no por que lo haya dicho yo, si no por que lo ha visto
ella así y por ello lo sabe. Pues nada es yang, ni nada es yin, pero
todo es yang y todo es yin. Y, su mirada, profunda, lo ve.
Por ello necesito que sepa y pueda ver la presencia del pasado,
del presente y del futuro en la mirada de un niño que fue y a ese
niño en la mirada del anciano que es ahora ese niño.
Y, viva, que todo lo existente lo es gracias a todo lo demás que
existió, dentro de todo lo que existe y siendo parte esencial de
todo lo que llegara a existir. Ella misma incluida. Y, que por ello
nada humano le sea ajeno y nada real le sea extraño.
Que su belleza no sea la clase de belleza que el tiempo puede
marchitar, si no esa otra belleza, misteriosa, intocable con los
dedos de la mano y que brilla y brillara incluso cuando la muerte
enamorada le llegué y no se la pueda llevar.
Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas
domingo, 12 de abril de 2015
sábado, 28 de marzo de 2015
DIE MOORSOLDATEN y el blog
Al mirar el blog veo que se me va quedando bastante tétrico, no
es, claro, lo que deseo que suceda. Pero por el momento tampoco le
veo solución. Son precisamente las circunstancias trágicas de sus
vidas lo que no solo ha hecho posible que la personalidad de mujeres
como Roza
Shanina, Trauld
Junge, Sofía
Scholl o Irena
Sendler hayan destacado sobre la de otras, si no que también son
la causa de que yo haya llegado a tener noticias de su existencia.
Otras, en circunstancias felices, o no pasan a convertirse en personalidades publicas o no tiene ocasión de mostrar tener esos rasgos en su personalidad.
Pensando sobre ello he terminado pensando en algo ya no directamente relacionado con el blog.
Relacionado con los campos de concentración. Con sus victimas.
En como vivieron aquella experiencia, todos, durante ella, y tras ella los que la lograron sobrevivir.
Entiendo que los supervivientes, por regla general, prefirieran enterrar sus recuerdos en el silencio. Fueron experiencias demasiado traumaticas para hablar de ellas a quienes no las compartieron y por dos motivos. Uno que son difíciles o imposibles de entender por aquellos que no las vivieron en primera persona y dos que abren heridas en el recuerdo y en las que resulta muy doloroso hurgar.
Comprendo que sus hijos “notaran” que se prefería el silencio y colaboraran con él, simplemente no haciendo preguntas a sus padres. También que los nietos, al contrario que los hijos, sientas más libertad para hacer esas preguntas y menos trabas a buscar saber lo que ocurrió. Y, que por lo tanto son más los nietos que los hijos los que puede que estén ayudando a sus abuelos a expresar en palabras lo que fue aquello, tarea esta que me parece esencial para que las victimas, las familias de las victimas y la sociedad en su conjunto pueda comenzar realmente a superar los traumas que han dejado esas experiencias.
Pero...
No se trata solo de recordar y contar para un “que no se vuelva a repetir”.
Lo que voy decir ahora puede ser tremendamente mal interpretado, pero creo que lo debo decir:
No basta con recordar, hay que “saber recordar”. “Saber mirar”.
Lo voy intentar expresar hablando de una canción. No se me ocurre mejor modo.
No es una canción cualquiera, es Die Moorsoldaten.
La canción Die Moorsoldaten nació en los campos de concentración nazis, repletos en aquellos momentos de opositores al nazismo, sobre todo socialistas y liberales. Desde allí termino extendiéndose a todos los campos incluidos los de exterminio. Sus creadores fueron prisioneros de esos campos, es originalmente una canción triste, inspirada en el sufrimiento diario de esos prisioneros, que termino, en cierto modo sirviendo de himno no oficial de los prisioneros de aquellos campos.
Aun de vez en cuando se escucha esa canción y de ella existen distintas versiones, muchas fácilmente encontrables en Internet. Pero con su popularizacion han surgido versiones alegres de dicha canción y eso ha despertado una polémica pues resulta que hay personas que las consideras poco respetuosas con las victimas.
¿Donde esta la falta de respecto?
Yo no la veo.
Me gustan sus versiones tristes, pero no entiendo que se vea como irrespetuosa la alegría.
Hay que llorar las victimas, lo que se les hizo, pero que nos prohibe o desaconseja celebrar la victoria sobre sus asesinos y torturadores?
Considero que solo si el nazismo hubiera triunfado y dominara hoy el planeta sería, entonces, irrespetuoso dar un tono alegre a la canción. Pero yo no veo incompatible llorar por la mañana a las victimas y celebrar por la tarde que sus verdugos fueron derrotados.
Esa derrota llego demasiado tarde para muchas de las victimas pero a tiempo de evitar aun muchisimas más.
Ser incapaz de cantar alegremente esa canción me parece señal de que aun se sigue prisionero de esos campos, ser capaz por el contrario me parece que aun en el caso de haber sido uno de esos prisioneros no solo se ha logrado sobrevivir si no que se ha logrado SALIR.
Ese salir, no es un salir que olvida lo ocurrido, si no un salir sin dejar atrás el recuerdo pero que lo recuerda todo, recuerda como se entro, que sucedió dentro y que pese a todo se ha salido y como se ha salido.
Nos recuerda que luchar contra aquello valió la pena, y que si alguna vez aquello vuelve a ocurrir se necesitara de nuevo luchar y por supuesto se luchara.
Die Moorsoldaten en su versión original y similares nos recuerda lo que ocurrió, pero en su versión alegre nos recuerda a su vez como termino y eso es algo que también ha ocurrido y que es esencial recordar: Nunca debemos olvidar como termino todo aquello y el precio que hubo que pagar para que terminara y que aun así valió la pena pagar ese precio. En su versión alegre Die Moorsoldaten festeja la derrota del nazismo, la salida de los campos y honra a todos aquellos que dieron la vida o se la jugaron para que en efecto los campos terminaran siendo solo historia que no se debe volver a repetir.
Y, el tipo de mujer que yo amo... tiene que saber mirar. Saber abrir los ojos, ver todo lo que hay, el dolor de las victimas, la derrota de sus verdugos y el heroismo de quienes hicieron posible esa derrota y esa victoria.
Tiene que saber llorar y tiene que saber reír y saber ver y aceptar las dos caras de la moneda: el luto y la fiesta. Y, no conozco mejor forma para festejar la derrota del nazismo que con esa canción tocada del modo adecuado a ese fin.
Otras, en circunstancias felices, o no pasan a convertirse en personalidades publicas o no tiene ocasión de mostrar tener esos rasgos en su personalidad.
Pensando sobre ello he terminado pensando en algo ya no directamente relacionado con el blog.
Relacionado con los campos de concentración. Con sus victimas.
En como vivieron aquella experiencia, todos, durante ella, y tras ella los que la lograron sobrevivir.
Entiendo que los supervivientes, por regla general, prefirieran enterrar sus recuerdos en el silencio. Fueron experiencias demasiado traumaticas para hablar de ellas a quienes no las compartieron y por dos motivos. Uno que son difíciles o imposibles de entender por aquellos que no las vivieron en primera persona y dos que abren heridas en el recuerdo y en las que resulta muy doloroso hurgar.
Comprendo que sus hijos “notaran” que se prefería el silencio y colaboraran con él, simplemente no haciendo preguntas a sus padres. También que los nietos, al contrario que los hijos, sientas más libertad para hacer esas preguntas y menos trabas a buscar saber lo que ocurrió. Y, que por lo tanto son más los nietos que los hijos los que puede que estén ayudando a sus abuelos a expresar en palabras lo que fue aquello, tarea esta que me parece esencial para que las victimas, las familias de las victimas y la sociedad en su conjunto pueda comenzar realmente a superar los traumas que han dejado esas experiencias.
Pero...
No se trata solo de recordar y contar para un “que no se vuelva a repetir”.
Lo que voy decir ahora puede ser tremendamente mal interpretado, pero creo que lo debo decir:
No basta con recordar, hay que “saber recordar”. “Saber mirar”.
Lo voy intentar expresar hablando de una canción. No se me ocurre mejor modo.
No es una canción cualquiera, es Die Moorsoldaten.
La canción Die Moorsoldaten nació en los campos de concentración nazis, repletos en aquellos momentos de opositores al nazismo, sobre todo socialistas y liberales. Desde allí termino extendiéndose a todos los campos incluidos los de exterminio. Sus creadores fueron prisioneros de esos campos, es originalmente una canción triste, inspirada en el sufrimiento diario de esos prisioneros, que termino, en cierto modo sirviendo de himno no oficial de los prisioneros de aquellos campos.
Aun de vez en cuando se escucha esa canción y de ella existen distintas versiones, muchas fácilmente encontrables en Internet. Pero con su popularizacion han surgido versiones alegres de dicha canción y eso ha despertado una polémica pues resulta que hay personas que las consideras poco respetuosas con las victimas.
¿Donde esta la falta de respecto?
Yo no la veo.
Me gustan sus versiones tristes, pero no entiendo que se vea como irrespetuosa la alegría.
Hay que llorar las victimas, lo que se les hizo, pero que nos prohibe o desaconseja celebrar la victoria sobre sus asesinos y torturadores?
Considero que solo si el nazismo hubiera triunfado y dominara hoy el planeta sería, entonces, irrespetuoso dar un tono alegre a la canción. Pero yo no veo incompatible llorar por la mañana a las victimas y celebrar por la tarde que sus verdugos fueron derrotados.
Esa derrota llego demasiado tarde para muchas de las victimas pero a tiempo de evitar aun muchisimas más.
Ser incapaz de cantar alegremente esa canción me parece señal de que aun se sigue prisionero de esos campos, ser capaz por el contrario me parece que aun en el caso de haber sido uno de esos prisioneros no solo se ha logrado sobrevivir si no que se ha logrado SALIR.
Ese salir, no es un salir que olvida lo ocurrido, si no un salir sin dejar atrás el recuerdo pero que lo recuerda todo, recuerda como se entro, que sucedió dentro y que pese a todo se ha salido y como se ha salido.
Nos recuerda que luchar contra aquello valió la pena, y que si alguna vez aquello vuelve a ocurrir se necesitara de nuevo luchar y por supuesto se luchara.
Die Moorsoldaten en su versión original y similares nos recuerda lo que ocurrió, pero en su versión alegre nos recuerda a su vez como termino y eso es algo que también ha ocurrido y que es esencial recordar: Nunca debemos olvidar como termino todo aquello y el precio que hubo que pagar para que terminara y que aun así valió la pena pagar ese precio. En su versión alegre Die Moorsoldaten festeja la derrota del nazismo, la salida de los campos y honra a todos aquellos que dieron la vida o se la jugaron para que en efecto los campos terminaran siendo solo historia que no se debe volver a repetir.
Y, el tipo de mujer que yo amo... tiene que saber mirar. Saber abrir los ojos, ver todo lo que hay, el dolor de las victimas, la derrota de sus verdugos y el heroismo de quienes hicieron posible esa derrota y esa victoria.
Tiene que saber llorar y tiene que saber reír y saber ver y aceptar las dos caras de la moneda: el luto y la fiesta. Y, no conozco mejor forma para festejar la derrota del nazismo que con esa canción tocada del modo adecuado a ese fin.
viernes, 23 de enero de 2015
Una conversación sobre el amor
Recientemente alguien me viene a
decir que nada que se haga por amor puede estar mal hecho, algo hay
en el amor que garantiza la inocencia de los realizados por amor.
Ya lo tengo oído antes, y aunque
no deseo entrar en vana discusión sobre el tema con quién tanta fé
tiene en el mito del amor... no me doy resistido a responder, a sus
palabras, con un poco de lo que pienso.
Pero aquí puedo ser más libre y
no medir tanto mis palabras...
Ya dijo S. Agustín “ama y haz
lo que quieras” como si en verdad bastara con amar para no poder
obrar mal. Pero, y aunque lo lamento mucho no doy recordado quién
fue él que lo dijo, también esta dicho que el camino al infierno
esta asfaltado de buenas intenciones.
He visto incluso vidas totalmente
destrozadas por actos bien intencionados, pero mal dirigidos,
realizados por personas que amaban sobre la vida de la persona amada
con o sin permiso de esa persona. Y, no miento si digo que ya he
perdido la cuenta de cuantas han sido.
El amor es una fuerza inmensa.
Pero las fuerzas fuerzas son y no otra cosa. Las fuerzas empujan,
quieren, buscan, hacen... Pero solo son fuerzas.
Una fuerza mal guiada, mal
conducida, mal dirigida, mal encauzada, mal enfocada, mal guiada
puede ser tan peligrosa como lo sea su propio tamaño, su propio
peso, su propio poder. Es fácil de entender: no es igual de
peligrosa una bicicleta conducida por un borracho sobre el campo del
patio de atrás que un camión a 100 Km por hora en la carretera de
enfrente y conducido por ese mismo borracho.
El amor si no va acompañado de
una buena perspectiva de la realidad puede ser muy peligroso para la
persona amada. Y, para uno mismo/a por supuesto.
Es mucho más seguro ser ayudados
por alguien que no nos ama pero decide ayudar y sabe lo que hace que
por alguien que nos ama pero no tiene ni idea de lo que esta
haciendo. Y, eso lo sabemos todos cuando, por ejemplo, nos ponemos en
manos de un dentista. “¡Mi abuelita me quiere muuuuuucho, pero
mejor que me empaste la muela él que mi abuelita!”
Y, la realidad, pienso yo, es que
por muy grande y poderoso que el amor sea... puede tan solo lo que la
mucha o poca sabiduría le deja poder.
Amar y solo amar no es suficiente.
lunes, 5 de enero de 2015
Un 24 de diciembre
Sucedió hace mucho, tanto que ya no le sé atribuir un año.
Aquella tarde, de un 24 de diciembre, una amiga y yo, caminando,
charlabamos, entonces, no recuerdo el motivo, ella me dijo algo.
Menciono a alguien y que ese alguien se había casado.
La que se caso fue la mujer de la que yo estaba enamorado. El modo
en que pase aquella noche ni puedo, ni quiero, intentar que quede
reflejado aquí. Sé cuales son los limites del lenguaje y que hay
cosas que ni se pueden ni deben contar.
A efectos del blog, y de lo que me interesa, solo importa decir lo
siguiente:
Aquella tarde y lo que me trajo aquellos días es algo que un
piadoso “noséloque” borra su recuerdo de mi consciencia, nada
más acabar las Navidades, y sin tener consciencia de tal recuerdo
vivo el resto del año, hasta que de nuevo llega otro 24 de Diciembre
y al poco rato de terminar de comer regresa a mi consciencia el
recuerdo... Una y otra vez, año tras año, el ciclo se repite:
recuerdo y vuelvo a olvidar que recuerdo.
Ignoro que va pasar ahora, que lo escribo y publico. Quizá por
ello, esta vez, el “noséloque”, nada pueda por aliviarme un poco
la cosa. Pero da igual. Lo tengo que escribir y publicar por que todo
cambia en la vida y el objetivo del blog también ha cambiado y sería
autoengañarme pretender disimular.
El blog no era más que un modo de recordarme: existen, son y dado
que existen y son la vida vale la pena.
Ahora va ser otra cosa: un regalo, una herramienta; que quizá no
sirva de nada ni llegue a donde quiero que llegue, pero que, aun así
lo tengo que intentar.
De un modo que no preveía pero dado que todo cambia también ha
cambiado el blog. Que ha tenido un principio y tendrá, espero, un
claro final y cuando ese momento llegue sé lo que tengo que hacer
con él.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Roza, Raquel y yo
Recuerdo, como si fuera ayer, que, hace años, durante el
conflicto bosnio, por no me acuerdo que cadena de televisión se
emitió una minientrevista a una francotiradora bosnia que, desde la
sitiada ciudad de Sarajevo, se dedicaba a cazar a los francotiradores
servios, que disparaban indiscriminadamente sobre la población, con
intención de sembrar el pánico y el caos.
Me gusto la naturalidad con la que hablaba y sobre todo aquella
serenidad que emanaba de ella. Una serenidad “afilada” y en ese
momento “enguantada” cual uñas de gato.
Quizá eso pesara cuando buscando información sobre una de las
novelas, que fantaseo escribir y jamás escribo, me encontré con una
imagen de Roza Shanina y un escaso puñado de palabras comentando la
foto... Puede ser. O, eso pensé en un primer momento.
Con el paso del tiempo fui tomando consciencia de que en realidad
fue otra cosa la que me produjo tan fuerte y favorable impresión al
contemplar esa foto.
Una de mis antiguas amigas, con “derecho a roce”, tiene un
asombroso parecido con la mujer de esa foto. No tanto en la cara,
pero si completo en sus gestos.
La foto es un típico posado para la propaganda, no tiene nada de
natural, y pese a ello no deja de entreverse, en ella, una serie de
cosas. Me trasluce valentía, honestidad, sociabilidad,
inteligencia...
También dolor, tragedia, secretos, falsedades.
Desconozco que de todo eso se encuentra realmente presente en la
imagen y que parte la proyecto yo sobre ella desde mis propios
recuerdos personales.
Hay incluso algo que me resulta amargo cada vez que contemplo la
foto, que me hiere, pero eso seguro que no es por la foto, es por
los recuerdos que la imagen despierta en mí.
Ya dos años antes de que esa amiga y yo llegáramos a cruzarnos
por primera vez la palabra, siendo solo conocidos de vista, yo la
admiraba por lo que le había visto hacer y lo que me habían contado
de ella.
Una tarde, por fin, hablamos. A la tarde siguiente nos besamos.
Pronto llego la cama. El mutuo contarse, abrirse el uno al otro. Al
principio todo fue genial.
Luego todo comenzó a ser cada vez más raro, todo se complicaba
con ella, todo se volvía difícil. Termine escapando de ella, aun
hoy, tantos pero tantos años después, le sigo evitando. Pero sigo
echando de menos a la amiga que fue al principio.
Mi amiga era, es, valiente, honesta, sincera, inteligente,
solidaria, noble...
Esa es la amiga que hecho de menos.
Pero también era maniática, estaba firmemente convencida de que
todos los hombres, por genética, son inmorales, egocéntricos e
intelectualmente torpes; su padre incluido. Todos excepto su hermano,
al que consideraba una especie de santo, pero santo tonto. Se
encontraba inmersa en una fantasía tipo “chica lista pastorea
chico torpe pero interesante”. Se enamoro, pero no de mí, se
enamoro de un hombre que jamás he sido, pero que era el único
hombre que ella veía en mí. Y, lo peor es que era totalmente
sincera, esa era su forma de ver a los hombres.
Desorientado por la situación, sintiéndome impotente ante ello,
lo hable con dos de sus amigos, uno de ellos también lo era mio.
Ambos me dijeron lo mismo, que también a ellos les pasaba algo
parecido con ella, pero que sus virtudes compensaban ese defecto y
que eso era lo que había y que yo podía tomarlo o no, que era libre
de elegir, pero que no creían que le pudiera cambiar su imagen sobre
los hombres.
Y, no pude. Y, cuando vi que tenían razón y que no podía,
entonces, le escape.
No, para nada recuerdo aquello con agrado. Me duele aun hoy.
Por eso al mirar la foto de Roza yo realmente no sé lo que veo.
Pero dado que no son muchas las mujeres sobre las que puedo llegar a
hablar en este blog, por si acaso, he buscado información sobre
Roza, pensé que bien poco o nada habría, como no la hay sobre casi
ninguno de los millones de soldados que lucharon en la IIGM, para mi
sorpresa sí que encontré información sobre ella y admito ahora
que, por méritos propios, Roza Shanina tiene un lugar en este blog.
Pese al parecido, a tener la misma expresión en el rostro que mi
amiga, Roza se enamoro dos veces en su vida. La primera de Misha
Panarin, al que ella misma califica de “buen muchacho”, lo que
para mi amiga la convierte en una ingenua, pues para ella “buen
muchacho” es una expresión formada por dos palabras que se
excluyen mutuamente. No se
ruso, pero al parecer, relatando sus sentimientos, ante la muerte de
él ,ella escribió: “me amaba y yo a él también” , puede que
en ruso no haya forma de confundir el verbo querer con el verbo amar,
lo ignoro, pero me gusta que me de la sensación de que ella sabía
diferenciar entre querer y amar
En fin, que la próxima entrada estará dedicada a ella.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
La mujer, la comprensión y el amor
"La mujer no ha nacido para que
se le comprenda, sino para que se le ame."
Pues no señor, de eso nada, que
va. Suena muy bien pero es falso lo que afirma esa cita de García
Lorca.
Conocer es comprender y no amamos
a alguien hasta que le conocemos realmente. Hasta que es "él"
o "ella" para nosotros y no una incognita; tal persona y no
tal otra. No es necesario lograr una comprensión perfecta, nada
humano es perfecto ni lo necesita ser, pero si no es minimamente
suficiente lo que estariamos amando ya no sería una persona si no un
mal entendido. Por otro lado amar a alguien te lanza a una busqueda
sin fin por mejorar la comprensión que ya has alcanzado de esa
persona. Es un acto instintivo.
Es una busqueda que se hace a la
vez por amor y para amar.
Por amor, ya que eres consciente
de que cuanto mejor le conozcas, más le entiendas, de mayor apoyo le
podrá servir tu presencia. Mejor sabrás lo que necesita y menos
peligro correras de estar luchando o sacrificandote o esferzondote en
vano tratando de darle una ayuda que no le hace falta mientras
descuidas otras ayudas, atenciones, detalles, esfuerzos o lo que sea
que en cambio si necesita de ti pero que ignoras que le hacen falta.
Para amar, por que cuanto mejor
conozcas a una persona, cuanto más la comprendes más facíl te
resulta amarle y eso es siempre así, en general, de hecho llevado al
estremo, conocer de modo perfecto a alguien, nunca posible en la
practica, te llevaría a perdonarle todo. Por eso los matrimonios
concertados, de darse entre personas dispuestas a comprenderse
mutuamente, y no haber ningun impedimento profundo en contra, pueden
funcionar muy bien, pues la convivencia proporciona las condiciones
optimas para que dos personas realmente se conozcan y si ambas lo
aprovechan acabaran amandose muy probablemente.
Y, es que conocer es comprender y
comprender es amar.
Por eso el enamoramiento, esa fase
de hormonas desbocadas, que afirman que suele durar unos tres años
de media, no es un paso necesario para llegar al amor. De hecho el
enamoramiento sin voluntad compartida de entenderse cada día un poco
mejor, de descubrirse el uno al otro, por muy fuerte que parezca no
es más que autoengaño y callejón sin salida, y capaz de naufragar
en un baso de agua.
El enamoramiento es un ir que se
va, el amor en cambio es un despertar.
lunes, 9 de septiembre de 2013
La mujer sin rostro
Poco antes de iniciar el blog,
un conocido me pregunto como era ese ideal sobre el que iba ir el
blog. Me especifico incluso si rubia o no. Evidentemente no me había
entendido.
Se trata de un ideal de persona
bella, en este caso mujer, pero no de un ideal de cuerpo hermoso.
No tiene cuerpo, ni pelo alguno.
Lo que tiene es una determinada forma de sentir la vida, son esos
sentimientos suyos los que la llevan a sentir, vivir, hacer, optar, y
etc.
Por supuesto los sentimientos
cambian, eso es en gran parte la vida. Interactuamos con el presente,
nos modifica ello, incluso, la forma en que vemos el pasado y nuestro
modo de imaginar el futuro. Pero por mucho que nuestros sentimientos
varíen somos como el río del que hablara Heráclito. Aunque sus
aguas sean siempre diferentes, a cada instante, el río en cambio
siempre es el mismo. Nuestra forma de sentir es un río, su cauce, y
sus aguas son todo ese mar de sentimientos que se nos despiertan en
el vivir la vida, a cada paso, a cada momento y que van y vienen pero
jamás permanecen.
De hecho conocer a una persona
no es conocer su nombre, es saber que siente.
Y, aunque en un rostro humano
pueden manifestarse todo un mar de sentimientos, conocer a alguien no
es saber la forma de su cara, es poder leer en ella.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)